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Esta página es una llave, una puerta,
es un estado de gravidez,
una promesa.
Es la vuelta al sueño interrumpido
al cuerpo de la palabra que se sabe a punto,
al pájaro cantor que el pecho guarda.
Es el hilo en el laberinto
buscando reencontrarse con la luz,
linterna temblorosa, miedo de la revelación,
llamita que un soplo torna oscura
o que oscura devuelve claridad.
Es un salto al vacío
que lleva un ruego y un mando,
cercar, cazadora, lo que escapa.
Esta página se encierra en una cabina
que queda a miles de pies de altura
que abandona a la luna y su otro lado.
Esta página es un apunte de soledad
y se solaza en flotar
y se sostiene de una luz en un ala.
Esta página pretende no hacer un viaje;
pretende verlo todo de lejos
y asomarse a no llegar.
Esta página se acuesta a dormir
para ver si sueña con un libro
que no tiene prisa ni nombre.
Esta página es un árbol de papel;
es la historia del deseo de escribir,
la historia de acompañarse con un libro
de acompañarse de una voz
que de lejos llega.
Esta página promete, traiciona,
consuela y desespera a su gusto.
Desde siempre es una caja de sorpresas
y pasarla es un juego
con el triunfo o con el olvido.
Pasar la página es un acto de fe
que culmina cuando la página habla
y si no, es una sentencia
de indiferencia perpetua.
Arrancar la página es un acto de amor
o del vándalo odio que nada descubre
encerrado en su violenta oscuridad.
Esta página cambia de colores;
silba y baila con el rojo;
juega al trompo con el verde
y se mece en un columpio con el blanco.
El negro la pone a mirar las estrellas
y el violeta la enseña a recoger uvas para el vino.
Esta página nació un día sin nombre
cuando ni llovía ni soleaba
y el misterio de su origen
ni ella puede descifrarlo, qué más quisiera
que fechas y nombres
y anuncios en los periódicos.
Esta página no se cansa de buscarse,
de encontrarse y se acuesta a descansar
sin miedo a no despertar.
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